
A las 8 pm en el octavo día del octavo mes del año 2008 - ocho es un número afortunado en China - el mundo miró hacia Pekín y las 91000 personas en el interior del Estadio Nacional.

La pirotecnia ha monopolizado la fase inicial de la ceremonia. Los fuegos artificiales, proyectados desde la cubierta del estadio nacional, han teñido el cielo de la capital china con los colores que componen los anillos del logotipo olímpico. Acto seguido, el rojo se ha adueñado del interior de El Nido de Pájaro. Un numeroso ejército de tambores, acompasado por un estruendoso coro de voces, han inundado todos los rincones del estadio.
El ruido originado por los tambores y los fuegos ha dado paso a un silencio sepulcral, tan sólo interrumpido por la música propia de la milenaria cultura china. Los figurantes han representado la evolución de la Muralla china y a continuación, un gigantesco pergamino luminoso ha cubierto el césped del recinto, donde una decena de balarines han trazado una alegoría del origen del papel. Los guerreros de terracota, al son de la ópera china, han sido el siguiente protagonista. Su atuendo y sus movimientos han creado una atmósfera mística que instantes después nos trasladaba a la Ruta de la Seda, escenificada con una gran combinación de danza, luces y sonidos.
La deslumbrante ceremonia de apertura, dirigida por el más famoso director de cine chino Zhang Yimou, costo decenas de millones de dólares una fracción de los aproximadamente 43 millones de dólares que China ha invertido en la construcción de carreteras, estadios, parques, líneas de metro al tratar de transformar Pekín en una ciudad olímpica. La elaboración de producción incluyen 15000 artistas intérpretes o ejecutantes y un período de tres parte de producción se centró en parte en la larga historia china y su deseo de buena voluntad con el resto del mundo.

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